agosto 26, 2011

Paraíso perdido


Hasta cuándo estaremos esperando lo que
no se nos debe...
El clamor del poeta afila el aire que respiro;
su reclamo
me atraviesa las vísceras.
Fui el toro indultado
que ya veía sus cuernos enmarcando su querencia,
cada paso más lejos y cada uno más cerca,
y ya la puerta se abría, tras la madera batiente latía ya,
ya en sus oídos, ya en el lomo ensangrentado,
el refugio del camino a casa,
la promesa del retorno,
la vuelta al Paraíso.
Y ya sentía la piedra bajo las pezuñas,
el dolor y el terror de la corrida aún surcando
sobre la piel mutilada,
pero ya detrás del umbral, ya antes, ya no aquí,
cuando los goznes de una nueva sentencia
rechinaron y
la querencia se quitó la máscara y se tornó Sima,
nadie me
explica nada, ¿por qué habrían de hacerlo?, soy sólo
un toro que soñó con tanto anhelo el Retorno
que se ve de vuelta en el ruedo,
mi querencia se cierra con un golpe traidor, seco,
definitivo...
Uno, otro, el mismo, en traje de luces me
reta con una espada en la mano.
Soy el toro indultado que va de regreso a casa
por un camino de sangre y acero.
¡Qué despacito me está matando esta vida!

agosto 23, 2011

Julio, mi Julio, mi Julio muerto.

Hace muchos años (¡pero muchos!), la mejor amiga de mi mamá me prestó un libro que ya no recuerdo ni por qué me llamó la atención; debo haber tenido 16 ó 17 años; la portada era negra y tenía dibujado uno de estos juegos de "avioncito", pero medio extraño porque antes del 1 tenía una raya y la leyenda "Tierra" y en lugar del 10, la palabra "Cielo"; igual y fue por eso, ya no sé. De haber sabido lo que iba a desencadenar ese libro, no estoy segura de si lo hubiera leído.

El caso es que lo leí. Enterito. Y no de corrido, que conste: salteado, como se indica desde el principio; primero el capítulo 73: "Sí, pero quién nos curará del fuego sordo [...], de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego...", y luego el 1, el 2, el 116; por ahí del 6 empecé a sospechar que no estaba entendiendo nada, pero como soy muy necia, le seguí, y entonces llegué al capítulo 7... ¡ooooh, maravilla!, y ya no me pude detener.

Cuando lo terminé me di cuenta de dos cosas, una consecuencia de la anterior: que no había entendido un carajo, y que a ver cómo pero yo iba a terminar por entenderle.

Llegó el final de la preparatoria y el momento escabroso y reangustiante de elegir carrera; en esos tiempos, todavía te dejaban escoger tres opciones; me acuerdo del formato: era de esos grandes de papel tan grueso que parece cartulina; estaba impreso en rosa chillón y tenías que marcar tus opciones rellenando ovalitos con un lápiz del número 2. Decidí irme de la que menos me interesaba a la que me moría por estudiar (con el pequeño obstáculo de que no tenía ni idea de cuál sería ésta última); ton's puse: "Tercera opción: Física"; fácil, me encantaban las matemáticas y estaba en el club de Física del maestro Juárez, así que no era ninguna mala idea, sólo que no era la mejor. Luego: "Segunda opción: Antropología"; ésta estoy segura de que me la saqué de la manga, porque ni conocía a nadie que hubiera estudiado eso, ninguno de mis amigos pensaba estudiarla ni tenía la menor idea de a qué chingados se dedicaba la gente que hacía eso; no sé por qué la puse; a veces me pregunto cómo sería mi vida si me hubieran mandado a esa carrera; el caso es que la puse. Tampoco es que importara, porque llegó el momento trágico en el que debía escoger la carrera que me iba a dar de comer el resto de mi vida: "Primera opción:..."

Me acuerdo del momento y de haber pensado "Música; yo sé que tengo que poner música; Mercedes (mi adorada y absolutamente venerada maestra de canto) me va a matar si no escojo música"; después quedó claro que ni me iba a matar ni mucho menos, porque más bien, como que la adoración no era mutua. Pero yo de verdad creía que me iba a degollar y además yo estaba embobada con el canto y de algún modo sabía que me iría muy, pero de veras MUY bien si estudiaba música y me convertía en cantante de ópera; pero, ¡pinche Julio!, ahí estaba, una idea que se me antojaba tan pendeja como riesgosa: Literatura. Y yo pensé "¿Cuál, cuál?, ¿música o literatura?, ¿qué hago?, ¿¡música o literatura?!", y de repente, toda la angustia de las semanas previas a llenar el maldito formato se disolvió cuando me respondí: "Cortázar" y taché Literatura.

El primer quesque-ensayo que escribí en mi vida fue para el doctor Raymundo Ramos y fue (por supuesto, si no para qué me metí a esa carrera horripilante) sobre un texto de Historias de cronopios y de famas, de Julio Cortázar. No me pudo ir peor. El doctor Ramos me hizo picadillo, pero tan, tan finito, que yo lo único que quería era un agujero marca Acme para aventarme por él; el condenado doctor se echó 20 minutos detallando las razones por las que mi ignorancia era tan grande que había escogido un texto que no era un cuento, ni mi texto era un ensayo, y burlándose de mi estupidez por haber pretendido entrarle (yo, una pobre estudiante de segundo semestre, cómo se me ocurre...) a un texto de Cortázar. Me acuerdo que ese día estaba de metiche "el super Ego", un compañero del último semestre que al salir me quiso consolar diciéndome que mi error había sido "meterme con Cortázar, porque ni los de octavo podemos con él"; y eso sí me enchiló; pensé: "si no pueden es por pendejos, a mí no me incluyas", pero no dije nada; me fui a mi casa hecha un basilisco, me pesqué otro libro del fulano -al que ese día empecé a odiar un poquito-, me aseguré de que eso sí fuera un cuento y escribí el primer verdadero ensayo de mi vida, sobre "Autopista del sur". Cuando el mentado profesor vio que insistía con Cortázar, me miró con harta burla y un poco -quiero creer- de ternura, y me hizo un gesto de que empezara a leer. Éxito rotundo. ¡Por fin había logrado entender algo de Cortázar!... pero no aquel otro. Todavía no.

Así que me chuté la carrera completita, la cual odié con todo mi corazón casi desde el principio, pero, como ya dije, soy necia, y además me había echado el pleito de mi vida con Mercedes (no por estudiar literatura, sino porque finalmente me quedó claro que si seguía con ella, nunca iba a cantar ni las Mañanitas, así que la mandé por un tubo de bastante mala manera) y ya no había más opciones; era Cortázar o Cortázar. Pos' ya qué. Tengo que aceptar que, de no haber sido por un par de compañeros que sí leían y que no estaban ahí mientras se casaban, y sobre todo, por algunas maestras (y de dos de ellas definitivamente sí hay que decir el nombre: Lilián Camacho Morfín y Consuelo Santamaría) que fueron la neta más absoluta, en ésa o en cualquier otra carrera, igual y sí me hubiera dado por vencida.

¡Dios, cómo odié la carrera!: la abulia de mis compañeritas, la falta de interés de la institución, la irresponsabilidad de tantos maestros, en una carrera como ésa que debía estar llena de gente pensante y harto, harto, harto leída; no sólo no me encontré a los pares con los que soñaba, sino que me convertí en un auténtico bicho raro, peor que en la preparatoria.

Pero lo logré: terminé la condenada licenciatura. Y vino la tesis; entonces sí que no tuve ninguna duda, sabía de qué la iba a escribir, aun desde antes de saber lo que era una tesis: de Rayuela. Me tardé 5 años, en el transcurso de los cuales harté a tres directoras de tesis (la última afortunadamente no me empezó a alucinar sino hasta que ya estaba lista para titularme), me leí todo, pero todo lo que existía en ese momento sobre Cortázar, aguanté a media universidad diciéndome hasta la náusea que "ese era un tema de maestría", desarrollé una bastante sana relación de amor-odio con Cortázar (lo que más me dolía es que el cabrón se hubiera muerto antes de que yo me enterara siquiera de su existencia), empecé a trabajar, conocí al zoquete con el que en mala hora me acabé casando, perdimos una huelga de 9 meses y se me rompió el corazón en pedazos que aún no logro recuperar del todo al verme obligada a renunciar a mi amada Universidad para poder titularme, pero, finalmente, lo logré: le entendí a Rayuela.

Y es curioso; no sé por qué, últimamente a ciertos criaturos intelectualosos les ha dado por escribir sobre esta novela; ¡y dicen cada cosa!; para muestra un botón, anda por ahí uno que dice que Rayuela no es, ni mucho menos, la mejor novela de Cortázar y quiere mandar al psiquiátrico (o algo así) a cualquiera que se sienta identificado con Oliveira. Ajá. Pues, miren; después de todo lo que pasé y de todo lo que me jugué por ese autor y, sobre todo, por ese libro, igual que con la huelga, me vale madres lo que opinen; en lo que a mí respecta, Rayuela es el sueño dorado de cualquiera que se pretenda escritor, ya quisieran toda la bola de babosos adocenados parecerse a Oliveira, la carrera fue un asco, el capítulo 7 es el mejor texto de amor que existe y Cortázar es la neta.

agosto 07, 2011

Varitas rotas

Soy fan en serio de la Literatura Fantástica y tuve el honor de ser el gato particular (o sea, la adjunta) de la Dra. Lilián Camacho Morfín en la carrera de Letras en la materia de Literatura Medieval Europea, donde descubrí, entre otras muchas cosas, de dónde había salido la Tierra Media (¡oh, maravilla!); aclaro de una vez que Lilián detestaba la Literatura Fantástica y me dejaría de hablar si supiera que me chuté los siete libros y las ocho  películas de Harry Potter. Debí hacerle caso.

Cuando terminé de leer el 7° libro de Harry Potter hice el coraje de mi vida; me pareció malo, malo, malísimo. Hice un auténtico berrinche y maldije la mala hora en que me dejé convencer de leer el primero; ¡si ni a mis estudiantes les gusta ya Harry Potter! Pero uno no aprende; y 'ai voy a ver las películas. Debo decir en mi defensa que tenía la esperanza de que el guionista, el director o alguien, quien fuera, arreglara las estupideces del libro. Y, bueno; medio arreglaron lo de la espada, pero la película adquirió una larga lista de nuevas babosadas... y dejaron el final, cómo es posible.

El libro (la saga completa) tiene muchos problemas; el principal es, probablemente, que a partir del 3°, todos parecen escritos para ser llevados al cine y se sienten varias plumas en al menos dos de ellos (por 'ai sigue en el aire el rumor de que es un plagio de The book of Magic del magnífico escritor Neil Gaiman). Así que en el último, la autora no tuvo la capacidad de matar al protagonista, que es lo que debió suceder para mantener la unidad del personaje y la manera como se había venido desarrollando la trama; no sólo no lo mató, sino que lo convirtió en un señor adocenado con su esposita y sus hijitos. Un cualquiera.

Aparte está el problemita éste de que, en el libro, quién sabe de dónde sale la espada con la que Neville se echa a la serpiente; el enfrentamiento entre la señora Wesley y Bellatrix (mismo que en la película es de un absurdo incomparable, la ama de casa gorda y desgreñada contra la mano derecha del mago más poderoso) es muchísimo más emocionante en el libro que el que se da entre Harry y Voldemort, quienes se dicen tanta cosa durante el duelo que en ese tiempo ya hubiera podido llegar alguien más y matarlos a los dos, por sangrones y ridículos. Luna desaparece del todo al final del libro, como si su participación no hubiera tenido ninguna importancia, y en lugar de echarse a Harry, matan a uno de los gemelos, lo cual es lloroso y absolutamente inútil para el entramado de la historia.

Pero lo peor de todo, lo que de veras me cala, es el asunto de las varitas. ¡Seis libros jodiendo con que las varitas son muy importantes y depende de quién son, de qué están hechas, quién te la vendió y cómo van guardando los hechizos y no sé qué más, para que en el séptimo se rompa la de Harry, así nomás, "caray, perdón, se rompió"!... no puede ser. Con la fama que ya tenían los libros a esas alturas y el hecho ampliamente demostrado de que la autora tiene una cultura medieval muy, pero de veras muy limitada, ¿qué a nadie se le ocurrió hacerle, no sé, un resumen sencillo, cortito, escrito así como "versión Palitos -3", sobre el significado de las varitas y las espadas en la tradición de los guerreros y magos? Pero, bueno, estamos hablando de una autora que presume de no haber leído nunca a Tolkien y tener mejor sentido del humor que él; lo primero, se nota; con lo segundo no voy a perder mi tiempo.

Pero regresando a un resumen para ampliar (o de perdida, generar) la cultura literaria de esta señora, hubiera estado bien; así la Rowling se hubiera enterado de que la varita es para el mago lo que la espada para el guerrero: además de ser un símbolo fálico bastante evidente, es el alma del mago; es el instrumento mediante el cual un guerrero o hechicero adquiere experiencia, amplía su poder y concentra su sabiduría, y no están hechas de materiales comunes ni las puede fabricar cualquiera; además de los materiales con que se fabrican, al forjarlas o pulirlas -según si es espada o varita-, se les imbuye con el espíritu de quien la crea, se pronuncian hechizos para protegerlas y son mandadas a hacer especialmente para una persona determinada. Es casi imposible romperlas o destruirlas y, en el caso de las varitas, es absolutamente imposible que las use otra persona.

Otro punto importante para que al escritor no se le haga engrudo la sopa es que el mago requiere un entrenamiento mental y físico muy extenso antes de que su Maestro y su coven (algo así como su comunidad mágica) consideren la posibilidad de que porte una varita. Cuando llega el momento -que es, de hecho, el momento cúlmine de la preparación y entrenamiento de un mago o bruja, y funciona como un rito de iniciación-, el aprendiz de las artes mágicas deberá emprender solo la búsqueda de un árbol especial, pedirle permiso para cortar una de sus ramas y utilizar su atame (un cuchillo especial de doble filo que sólo puede usar un mago, ya sea para cortar hierbas con fines medicinales o para defenderse) para realizar la tarea con sumo cuidado. Cada mago deberá cortar y pulir su propia varita y, mientras lo hace, debrá formular una serie de hechizos y encantamientos con el objetivo de que el resultado final sea una varita mágica y no una simple rama de árbol cualquiera.

Harry Potter no hace nada de esto; va a una tienda y la compra. Se le rompe siete años después y se apaña otra, ques'que porque se la ganó a otro mago y la varita cambió su lealtad... ¡no, bueno!; supongo que un objeto al que compraste con dinero común sin hacer ningún esfuerzo, a lo mejor sí puede acabar por traicionarte e irse con otro. Puestos a re-hacer la tradición de las artes mágicas e importando un comino que quede re-mal-hecha, pues, total, que la compre y la rompa y luego se agandalle una varita chaquetera, pues sí, puede ser.

La cereza de este pastel es la Varita de Saúco, fabricada y entregada personalmente por la Muerte; es la varita más poderosa que existe. Y Harry Potter la rompe a mano limpia, así nomás, valiéndole madres el valor que tiene para la comunidad mágica. La chica que estaba sentada a nuestro lado en el cine exclamó: "¡qué ojete, siquiera hubiera reconstruido Howarts primero!" Sin embargo, por la mente del escuincle no pasó ni por un momento el hecho de que ésa había sido la varita ni más ni menos que de Dumbledore, y tampoco se le ocurre que podían hacerse cosas realmente portentosas en favor de todos, no sólo de los magos, con una varita como esa en manos del mago más poderoso del mundo -porque, muerto Voldemort, evidentemente semejante título le corresponde a su asesino: Harry Potter-. Como bien apuntó una amiga mía, el nivel de destrucción que dejó Voldemort antes de caer era inmenso y, sin embargo, al Potter no se le ocurre que la responsabilidad de ver qué onda con eso, es suya. Entonces, siguiendo la lógica de la propia trama, Harry no era merecedor de esa varita, ni de las artes que se le habían inculcado, ni de la confianza que todos habían depositado en él; la ética, la responsabilidad, la bondad y el agradecimiento no existen para él.

Y, bueno, de ahí para abajo, las cosas no pueden más que empeorar; la escena en la película donde preparan las defensas de Howarts es la última realmente emocionante que se nos ofrece, porque las batallas están rechundas y el ritmo (del cual ni siquiera el libro adolesce) se dispara alocado; de pronto parece que ocurren muchas cosas pero enseguida la trama se detiene en una secuencia larga y aburrida; entonces matan a alguien y parece que se pone emocionante pero entonces se sientan en una escalera semiderruida a besuquearse y nos aburren, entonces otra vez corren como locos y otra vez se detienen... Cuando se terminó la película, yo juraba que había durado unas tres horas, por lo menos, y no, las dos de siempre, pero... ¡qué larga se me hizo!

Y el final... ¡el final!, de telenovela, incongruente, gratuito, cursi, largo, mal hecho... ¡qué asco de final, Dios Mío!; yo de verdad tenía la esperanza de que arreglaran eso en la película, pero estoy soñando; increíble pero cierto, lo empeoraron con ese maquillaje TAN mal hecho; de por sí al Harry no hay quien le crea que tiene 17 años, pero esas patillas ridículas para que creamos que tiene 36... Mal, mal, mal.

Total, decepcionante. Todo lo prometido durante seis libros se quedó en deuda. Alguien tenga piedad de nosotros y enmiéndele la plana a esta pinche vieja, por favor; Harry Potter se merecía un buen final.

Como no se puede, les dejo aquí una lista para quitarnos el mal sabor de boca:
-Neil Gaiman, The book of magic, por supuesto.
-Christopher Paolini, Eragon (y se siguen con Eldest y después, con Brisingr, cada uno mejor que el anterior; y todavía falta el último, que aún está en proceso de escritura), para que lean una historia bien escrita sobre la preparación de un mago que además es guerrero y que, con 14 años, asume la responsabilidad de ser un Jinete de Dragón.
-J.R.R. Tolkien, El Hobbit y ya que andan en ésas, El señor de los anillos, para que no les pase lo mismo que a la ignorante autora del Potter.
- Terry Pratchett, El éxodo de los gnomos y si les gusta, síganse con Brujas de viaje, para que vean lo que es una trama compleja, apretada, sin cosas sacadas de la manga y sin babosadas ni finales marca televisa, y un sentido del humor de a de veras, negro-renegrido, hilarante e inteligente.

Hay más, pero con estos tienen para resarcirse de una saga que, de no haber ido acompañada de películas y una publicidad nunca antes vista para un libro, no creo que hubiera pasado de ser uno más -y en ningún caso el mejor- de los libracos juveniles de proto-fantasía (la Fantasía y los Reinos Peligrosos no tienen nada que ver con esta cosa). Es increíble cómo un pésimo final puede echar por tierra una historia que, en los primeros libros, prometía tanto.

Eso me pasa por andar leyendo estas cosas.

agosto 05, 2011

A

No he olvidado nada,

mi memoria no titubea ante tus sombras.



Empero,

a diario se suman nuevos matices a contraluz,

complicidades, silencios, acuerdos...



Conozco los guiños de tu sonrisa;

tu cariño se posa en mí, ligero y claro.

Me convidas de tu amistad

como si fuera un dulce y nosotros, niños;

me siento niña ante ti

y vislumbro con facilidad al niño en ti.



No hay amargura en quererte;

sólo confianza,

el deseo siempre vivo de volver a verte,

una vaga inquietud cuando no alcanzo a escucharte

y la certeza, absolutamente infundada,

de sabernos capaces de amarnos



con palabras    con salud    en la vejez    con libros    con música    con risas   
con descaro    con deseo    con abrazos    enojados    cansados    tercos    enfermos   
guapos    mugrosos    felices    bloqueados    satisfechos    tristes    convencidos

y, muy probablemente, para siempre.


agosto 03, 2011

Un paseo por Jalalpa


Se necesitan entre 1 hora y cuarto y 2 horas, según el tráfico y la hora, para ir desde mi casa hasta Jalalpa, y otro tanto de regreso. Así que, en promedio, paso 3 horas diarias viajando en camiones y microbuses, más lo que se acumule si se me ocurre ir a algún otro lado después del trabajo. Es mucho tiempo.

Consideren además que mi mente en las mañanas tiende a estar más dormida que despierta; verán ustedes: tengo siempre de guardia una neurona bien despierta (deberían ser dos, pero la otra siempre va en la pendeja, o sea que no cuenta); gracias a ella logro llegar a mi destino cada mañana sin que me asalten, me atropellen ni acabe en Puebla sin saber cómo llegué; las demás neuronas habitualmente están jetonas y sueñan, pero sus sueños como que se filtran hasta la neurona despierta que, como está solita, se vuelve loca entre lo que ve y lo que las demás sueñan. De modo que lo que habitualmente me sucede es que me paso la hora y media babeando por el camino, todo me impresiona y me distraigo con suma facilidad, porque mientras observo el mundo, mi mente va saltando, como trapecista, de una idea a otra; las ideas se forman en mi mente y se completan mucho antes de lograr ponerlas en palabras; para cuando logro formar una frase, otra idea ya está en plena evolución. Y para cuando llego a la presa (ahorita les platico de la presa, van a ver qué cosa tan bonita), tengo la cabeza tan retacada de imágenes sin procesar que se me figura que mi pobre neurona centinela a esas alturas ya está agarrando a patadas a la que tiene más cerca y le grita desesperada: “¡¡Man'ta, despierta, nos están hablando, Man'ta!!”

Y es que el viajecito es una locura de imágenes cambiantes; imagínense salir cada mañana de una colonia añeja y retradicional como la mía, pasar por la San Miguel Chapultepec, muy nice pero en franca decadencia, y de pronto salir de la civilización y entrar a un lugar tan, tan, pero tan bizarro, que Jodorowsky lo usó para su película Santa Sangre: Jalalpa.

En la Literatura Fantástica hay un montón de posibilidades para representar los umbrales que llevan a los personajes de su mundo a otro lleno de seres maravillosos y, con frecuencia, aterradores (creo que viene muy al caso mencionar aquí que el género de Terror está considerado un subgénero de la Literatura Fantástica; en Jalalpa este concepto queda muy claro y no requiere demasiada explicación). En la cultura occidental, esos umbrales suelen ser puertas o ventanas (bien obvio), sueños, aviones o barcos, y de vez en cuando, un ropero; los japoneses gustan más de los túneles y los puentes (incluidos los pasos medio sórdidos que hay debajo de los puentes). Pues bien, para cruzar de San Antonio -último reducto de lo que quienes trabajamos en tierras jalalpenses llamamos “la civilización”- a los terrenos que bordean a Jalalpa, el umbral es una avenidota caótica y espantosa que se llama Alta Tensión; para describir lo que se ve desde ahí y hasta arriba, voy a necesitar que se imaginen que sus ojos son una cámara y enfoquen las siguientes escenas, todo visto desde un camión traqueteante que sube a paso de tortuga con reumas y que trae como “música” (nótense las comillas) de fondo reggetón o pasito duranguense (¡asco, asco, asco!), a tal volumen que ponerse audífonos sólo empeora las cosas, así que hay que echársela así, derecho y sin arrugarse.

Has cruzado el umbral, Alta Tensión, y tus ojos ven...

...Una barda que el jefe delegacional ha mandado pintar para apoyar su campaña de “cero drogas” con una alegoría-admonición bastante terrorífica; se trata de un chimpancé con los ojos inyectados, una sonrisa harto macabra, una hoz en una mano y un frasco de “activo” (thíner o PVC o algo por el estilo) en la otra, y al lado una leyenda: “La mona mata”, haciendo alusión al término con que se  refieren a la estopa empapada con inhalantes los usuarios de esta madre.

...Unos trabajadores de limpia cargan a paletadas una troca adaptada a camión de basura, de un montón de desechos apilados en la calle, como un barquillo gigante y a medio podrir, junto a la puerta de una fábrica anónima.

...La barda de la cementera y al otro lado (ésta será la última calle ancha que atravesaremos), los letreros de quienes habitan enfrente: “CEMEX nos está matando con su contaminación”. Empiezas a estornudar y a sentir cómo se te va cerrando la entrada de aire por la nariz, pero te resistes a respirar por la boca, quién sabe qué porquerías se te vayan a meter (y luego preguntamos por qué casi todos los que trabajamos allá arriba tenemos rinitis o sinusitis o asma). Primera bifurcación; ¿a Capula o a la presa?, tu camión gira a la derecha, el terreno se inclina; empiezas a subir, pero muy suavemente.

...La presa. Antes de verla, la hueles. En una bardototota cercana, la Delegación pinta cada año, con letras rojas gigantescas, enormes advertencias, “En esta temporada de lluvias, cuida a tus niños”; y es que aquí el agua ha llegado a levantar la carpeta del asfalto y la desplaza 5, 10, 20 metros, como si nada; quienes viven por estos lares tienen que salir de su casas antes de que empiece a llover o esperar a que pase; nadie en su sano juicio se aventura a la calle mientras llueve, hasta los idiotas de la Delegación lo saben. La presa te fascina tanto como te repele; hay una vaca pastando en una orilla; una vaca, pastando ESO; ¡pero... quién tiene una VACA aquí!, y quién se atrevería a tomar su leche o a comérsela; es más, no estoy segura de que te atreverías ni siquiera a acercártele -con sus patitas llenas de algo que parece lodo pero que definitivamente NO es lodo; el lodo es tierrita con agua; ESO quién sabe qué carajos sea-. Tu camión rodea la presa y toma la primera vuelta; ahí se bifurca de nuevo el camino: a Jalalpa o a Cañada, a qué altura quieres tu pesadilla, arriba, arriba y más arriba, en la punta del último cerro, o prefieres abajo, abajo, bordeando el antiguo río, ahora desecho al aire libre de basura y aguas negras, jirones de bolsas, toda clase de porquerías navegando por el río hacia la presa, todo abierto, nada está entubado, ahí arrojas todo lo que no quieras: cascajo, llantas, zapatos, basura, animales, de vez en cuando un cuerpo. En la entrada del camino a Cañada está la Lechería; a esa hora temprana, una fila larga de gente espera con tranquila paciencia a que le den su leche; nadie nota el hedor, ni siquiera tú, hecho ya a los olores de la presa.

...Desaparecen las cuadras y toman su lugar, cada 200 ó 300 metros, los andadores: estrechísimas callejuelas con escalones que se antojan infinitos y trazan surcos, como las líneas de la mano, pero sobre el cerro completamente encementado. En algunos trechos hay una banqueta chiquitica que más bien parece una burla, así que da igual si hay banqueta o no, la gente camina por la calle, una calle por la que podrían pasar, estrechamente pero con mediana comodidad, dos carros ida y vuelta, pero aquí los vecinos estacionan sus autos en alguno de los dos lados del arroyo, que ya pa' tanto no da, y por si fuera poco, el camión de la basura (no la troca de redilas sino otro que se ve más oficial y que es enorme) se estaciona en doble fila, lo cual deja espacio apenas suficiente para que pase un carro si dobla sus espejos hacia adentro. Pero tú vas en camión y ése sí que ya no cabe, así que esperas. Esperas mucho tiempo, 10, 20, 30 minutos a que el camión termine de cargar y se mueva.  Vas a llegar tarde.

...Más andadores, ahora mucho más alejados unos de otros, cada 500 metros o así, y comienza la ascensión en serio; la caja de velocidades cruje bajo el peso de la primera, segunda velocidad y otra vez la primera, tan despacio que la gente a pie podría seguir el ritmo del camión, pero está empinado; es difícil subir andando por aquí; la gente aguanta a regañadientes el paso de tortuga del vehículo, la música estridente, los apretujones. Tú miras y ves casas, casas, más casas, aquí no hay edificios, sólo casas estrechísimas y altísimas, no hay espacio para construir hacia los lados, así que levantan pisos hacia arriba, uno más por cada integrante nuevo en la familia, las chicas aquí se embarazan antes de los 19, así que hay que dejar los castillos listos, las varillas desnudas en el techo, por si se ofrece otro piso más, todo construido sobre profundas minas gigantescas e invisibles, de modo que las casas parecen sostenidas por palillos, siempre a medio construir, el barrio entero está en obra negra, todo tan apretado que hasta el asfalto parece ocupar demasiado espacio. Levantas la vista y ves los andadores y sus escaleras, y si la levantas más y miras más allá del barranco, ves más cerros, kilómetros y kilómetros de casas y casas y más casas gris cemento en obra negra: estás en Jalalpa, lo encimado encima del encimamiento.

...La Curva, donde en las noches los camioneros quitan por fin el pie del freno y lo hunden en el acelerador; pareciera que no pueden usarlos alternados, siempre es o uno u otro. Para bajar por La Curva de noche vas a sentir la necesidad imperiosa de hacerte (¡pero en chinga!) devoto de un Santo Patrono, pero no un santo cualquiera: necesitas uno Chido, Poderoso, Cabrón, uno que de veras se enfrente con las huestes jalalpeñas y le pelen los dientes, nomás para que llegues vivo siquiera hasta la presa. Si un día bajas de noche, persígnate aunque seas ateo antes de entrar en La Curva, toma aire, agárrate con las dos manos del asiento de adelante (por supuesto, irás siempre y a cualquier hora sentado en un asiento de los de en medio, por si el camionero acelera o por si asaltan) y no te espantes si sientes que las ruedas de la derecha no tocan el piso: estás en las Tierras Peligrosas -como llamaba Tolkien a los mundos de la Fantasía- y aquí, los camiones levitan. Bueno... sí; casi siempre. A veces no. Hay algunos camiones al fondo de esa barranca; parece que es difícil sacarlos. Por eso te digo, mejor consíguete un santo o no bajes de noche en camión. Por el contrario, cuando vas de subida y alcanzas esa cima, te encuentras en la pared de la casa de empeño con un letrero que dice: “Territorio priísta”.

...La subida se hace menos pronunciada. Aparece la primera escuela -una primaria-, el mercado, otra lechería con una fila igualita pero más larga y un letrerote que indica que ahí está la Iglesia de “Los Misioneros Siervos de los Pobres”, monjas y sacerdotes que aquí viven y aquí se la juegan; misioneros en su propia tierra, hasta la Madre Teresa se sentiría ligeramente apabullada en su presencia. Y piensas, siempre, todos los días desde hace 9 años: mis respetos. Comparado con ellos, tú estás jugando a las muñecas: tú vienes diario, ellos viven aquí.

...Los carriles se ensanchan ligeramente y reaparecen las cuadras, los patios y el cielo; tiene un nombre ominoso la calle en cuestión: “Gustavo Díaz Ordaz”; las demás escuelas se van alineando a su vera, desde un CENDIS hasta una secu.

Enfoca. Cambia la lente si es necesario. Límpiala. Aléjate. Enfoca: la calle se ensancha de golpe, dos carriles de cada lado, el gris y el cemento se esfuman y en su lugar aparece ante tus ojos, así, de golpe y sin avisar,  un parque de varias hectáreas cuajado de altos árboles llenos de hojas, bellísimos (¡magia pura!), y a la izquierda, dos construcciones gemelas, ligeras y espaciosas, hierro y vidrio rodeado de adoquín rosa, patios y jardineras... Ya llegaste, ¡lo lograste!, estás en tu otra casa: la (peje)prepa del IEMS de Álvaro Obregón; o, más corto y así como pa' los cuates: “el plantel de Jalalpa”.

Bienvenido.

La última página de este libro

Comencé este blog como un juego; uno que muy pronto se convirtió en uno cortazariano: mortalmente serio.             Me encantó esc...