mayo 11, 2017

La última página de este libro



Comencé este blog como un juego; uno que muy pronto se convirtió en uno cortazariano: mortalmente serio.
            Me encantó escribirlo, no lo voy a negar. Pero, como le escribí una vez a un amigo poeta extraordinario, “para todo hay un final y el nuestro ya está cerca”.
            Me embarga una sensación extraña, como de nostalgia anticipada, por todo lo que planeé escribir y nunca encontró su tiempo: la huelga, las campanas, los árboles de la FES Acatlán, Oaxaca y la Noche de las Cucarachas, más todas las palabras que aún llevo adentro sobre Portland, sobre mis abuelos, sobre Charo y Ceci, sobre la infancia y sus funerales, sobre Guanajuato, la música y el amor; sobre todo, sobre el amor.
            Sin embargo, llevo ya varios meses –más de un año- cerrando ciclos en distintos ámbitos de mi vida, y hoy le llegó el turno a Ajenjo y Azúcar. Tras 6 años y 74 entradas, dejo aquí mi despedida para cerrar este ciclo de escritura experimental, tan sabroso, tan lleno de vivencias y emociones.
            Les agradezco infinitamente a todos, lectores pacientísimos, por su interés y sus ganas de leerme y jugar este juego conmigo; con toda seguridad comenzaré una nueva aventura escritural, en otro espacio y con otros modos, distintos y nuevos.
            Hasta entonces, hasta que volvamos a leernos, que la Vida siempre los apapache y los consienta como a sus favoritos.
            Gracias por su tiempo.

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