marzo 19, 2017

Chador ideológico

Mi artículo "Eso no fue acoso: fue una injusticia" trata sobre la necesidad de ser compasivos; es una propuesta para que las feministas aprendan a decir "quizá en ESTE CASO específico nos equivocamos".
       El mío es un texto sobre el amor y el respeto.
       Mi amiga Copelia vino a compartir un texto y a dar cátedra de buenos modos; Celeste demostró que sí se puede que todos respetemos nuestros respectivos argumentos, y mis alumnas y una amiga, que son feministas, recogieron mi invitación a reflexionar y así lo hicimos.
       Todas las demás respuestas –y, sin excepción, todos los artículos- que he leído me demuestran que tenía yo razón: urge una reeducación basada en el amor y el respeto, pero no sólo para la gente machista, como creí cuando escribí mi artículo, sino sobre todo para las feministas: ¡qué gente más inflexible son! Su falta de autocrítica explica por qué el movimiento no acaba de tener éxito (si lo tuviera, todas estaríamos ahí metidas).
       Y no, no me callo. Al contrario. Aprendan a no hacer daño. A este ritmo, van a acabar poniéndonos a todas un chador ideológico para que nadie nos toque, nos diga, nos interpele ni se atreva a establecer contacto con nosotras. ¿Por qué no pueden entender que éste no es el camino? ¿Qué parte del machismo y sus violencias no entendieron, que las reproducen sin pudor y a la primera?
       Órale, van: vuélvanse a meter a mi muro o mándenme más mails para pendejearme, para decirme que seguro soy de las que creen que a una chica la violan por cómo va vestida, para faltarme al respeto, a mí y a todos los que no estamos de acuerdo con lo que hizo esa mujer: sean todo lo que afirmo que son.
       Agrédanme mientras apapachan a su palanqueta o como se llame esa mujer horrible -me niego a regalarle más fama escribiendo su nombre- quien hace apenas una semana les parecía alucinante a ustedes mismas pero a la que ahora, pobrecita, hay que apoyar, agrediendo a todos los que no concordamos con ustedes, ignorando nuestros argumentos, interpretando de mala fe todo lo que escribimos.
Cada palabra suya me da la razón a mí. Van: aquí las espero.

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