julio 20, 2011

Tsaheylu

Me puse a ver Avatar por chorrocientava vez.  Y hay dos cosas que se me quedaron dando vueltas en la cabeza; una es el concepto de "conexión" entre todas las cosas existentes: personas, árboles, animales; todo unido por un lazo que en la película se da en todos los niveles, físico, mental, espiritual; "tsaheylu", se llama en el idioma creado para los Na'vi, los habitantes del mundo que los humanos pretenden colonizar para drenarlo y dejarlo medio muerto, igual que el suyo.

Habrá quizá que comenzar por la aclaración de que la Ciencia Ficción no es literatura que pretenda hacer predicciones sobre el futuro; la Ciencia Ficción parte de un problema, habitualmente de orden social, en nuestro mundo y nuestra época, y lanza una proyección al futuro: ¿qué pasaría si siguiéramos haciendo X cosa o insistiéramos en determinada práctica? La respuesta se desarrolla en un mundo que el escritor crea como una realidad paralela a la nuestra, en el futuro o de plano en una era indeterminada. Como el análisis de la realidad que los escritores de Ciencia Ficción hacen es bastante puntual, el resultado, es decir, el texto creado, resulta con frecuencia asombrosamente acertado. No es, pues, el Oráculo de Delfos; es lógica pura y dura.

En Avatar se parte de un hecho que ya todos conocemos y que se necesitaría ser muy necio para negar: sí estamos agotando los recursos de este mundo y, conociéndonos, somos más que capaces de ir a terminar con los de otros mundos, nomás que seamos capaces de trasladarnos a uno de esos.

Avatar, sin embargo, no se limita a mostrar las consecuencias de una especie que parte de su mundo moribundo para ir a agandallar a otros; desarrolla más bien la idea de que no tenemos derecho a hacerlo. Y esto sí que es una rareza; cuando la vi por primera vez, me impresionó muy gratamente que los gringos fueran capaces de hacer una película carísima en la que sus amadísimos "marines" fueran una recua de descerebrados a las órdenes de un corporativo al que lo único que le interesa es ganar dinero. Pero lo que más me sorprende es que ataquen una idea que es la base de su propio comportamiento beligerante como nación: el homocentrismo, esta idea de que Dios nos entregó todo lo que existe en la tierra para que gobernáramos sobre ella, como si el resto de las cosas vivas fueran inferiores a nosotros. Una idea que ha dado lugar a la explotación sin límites de cuanto recurso natural se nos ha puesto enfrente.

La idea de una conexión que, de manera real y efectiva, nos une con absolutamente todo lo que nos rodea va completamente en contra de esa otra de que somos así como "the masters of the universe".

No puedo estar más de acuerdo con la idea del tsaheylu: no somos ni más ni menos que los demás seres sintientes en este o en otros mundos. Si tenemos una capacidad creativa y racional superior, muy probablemente se deba a que es nuestra responsabilidad crear un equilibrio con todo lo que nos rodea y cuidar que ese equilibrio se mantenga; si acaso Dios nos entregó todo en este planeta, con toda probabilidad fue para que lo cuidáramos, no para que nos atragantáramos con él. Nuestro planeta no es, pues, un regalo, ni nuestra racionalidad un signo de superioridad; muy por el contrario, el planeta parece haber quedado a nuestro cargo y nuestra racionalidad fue el instrumento para garantizar (qué vergüenza) la armonía.

En este sentido, hemos hecho todo mal, no me cabe duda.

Y aquí entra el segundo asunto que me deja pensando de los muchos que trata Avatar: hay una parte donde el protagonista, Jake Sully, se dirige en su forma de avatar a los na'vi y los arenga para pelear contra la "Gente del Cielo" (o sea, los humanos); y, bueno, les echa un rollo muy bonito de que aquellos creen que pueden tomar lo que quieran pero que ellos les van a demostrar que ni madres, porque esa tierra es suya, de los na'vi. Gritos, aplausos y música combativa.

Aquí: este asunto de defender su tierra a sangre y fuego, éste es el que me interesa. Porque mucha gente está consciente de la devastación de nuestros recursos naturales, pero dice "soy uno solo, no puedo hacer nada contra los corporativos ni mucho menos contra los gobiernos corruptos que permiten eso". Pero no, sí podemos. Y no lo hacemos. No hemos sabido defender esa "tierra" ideológica construida de tradiciones, de respeto absoluto al principio de vida (de cualquier vida, no nomás la humana... y a veces ni ésa), de amor y cuidado entre nosotros, de compasión, de respeto a la Gran Madre. Y éstas son cosas que no sólo podemos, sino que debería ser obligatorio que fomentáramos y desarrolláramos entre nosotros. La mitad de la gente que conozco ya estaría poniendo los ojos en blanco de pura irritación, nomás de oír hablar de "cuidarnos entre nosotros" y "generar compasión por los seres vivos", porque a todos nos han enseñado a burlarnos de esta clase de discursos y a hacer todo lo contrario, nos hemos dejado sorber el cerebro con deseos de cosas que en realidad sólo sirven para desear otras más.

Yo lo veo con mis estudiantes; los que no sufren de violencia intrafamiliar, están en situación de abandono porque nadie en su casa los pela más que para regañarlos cuando estorban o cometen un error o hacen mucho ruido o, en resumen, cuando dan signos de vida. Y mis chavos ya están teniendo hijos. Y los van a educar igual, ¿cómo, si no?, los van a educar con la idea de que estudiar sólo sirve para conseguir papeles que a su vez les den acceso a mejores trabajos; los van a educar diciéndoles que son "el futuro de México" y esos niños van a crecer y se van a hacer adultos y dentro de poco se van a dar cuenta de que todo fue un engaño mayúsculo porque el futuro ya llegó, ya los alcanzó, y ellos no son sino uno más que tiene que ver cómo se las ingenia para tener más cosas, más dinero, mejores trabajos, una casa, un coche, un esposo o esposa, hijos a los que tampoco pelarán, fiestas, diversiones, amigos, comidas, ropa, cosas bonitas... más, más, más.

Nunca nada será suficiente, porque el principio sobre el cual se está educando a los chicos es sobre el de la mezquindad obligada, porque cada quien va para su santo. Debe ser un santo muy ojete, porque es gente triste, de vida adocenada, sin más expectativas que ganar un metro con su carro y no dejar pasar al otro; "ser más listo" y transar al de enfrente, dejar que otro se lleve el regaño, echarle la culpa a quien sea pero nunca a nosotros mismos de lo que fue nuestra responsabilidad, pagar o dar el cambio incompleto o clavarse el dinero que la cajera por error nos dio de más.

Hay un montón de cosas que podemos hacer en lo individual, en nuestras casas. Podemos, por ejemplo, ser siempre amables con aquellos con los que vivimos, en lugar de asumir que, como son familia, se tienen que aguantar; podemos hacer un esfuerzo que resulte contundente por hacer sentir amados a nuestros hijos, no dar por sentada a nuestra pareja, no regañar a los demás cuando creemos que cometen un error; podemos estar al pendiente de los demás en la calle, entender que vamos a viajar mejor en el transporte si hacemos el favor de aceptar que no estamos solos y por eso no nos podemos mover o detener al caminar según se nos dé la gana; ceder el paso, ayudar a alguien, no meternos en discusiones ajenas; no escuchar ni repetir chismes, no hablar con dureza; no ser dejados ni pusilánimes ni débiles; no tomar lo que no nos han dado directamente... No hacer daño, pues. Si no somos capaces de hacer un bien, al menos podríamos hacernos el propósito, como forma de vida cotidiana, de no hacer daño.

Ya no me atrevo a desear más; me encantaría que las personas tomaran mágicamente conciencia de quienes son y lo merecedoras de amor que son y lo bien que podrían vivir sin adquirir tantas porquerías y sin andar jodiendo a los demás, pero hoy no me da el ánimo más que para desear que no hagan daño, porque cada palabra dura, cada mezquindad y cada chingadera que cometen contra otro, resulta en una herida dentro del mismo agresor; y como estoy convencida de que estamos unidos de manera irrevocable por nuestra propia naturaleza, cada una de esas heridas se va a convertir en un daño hacia mí y hacia los míos, que terminan siendo todos los demás. Es elemental. Es tan obvio que dan ganas de ponerse a gritarlo en la calle.

No sé. Después de 15 años dando clases a chavos de preparatoria y universidad, y después de todos estos años de mi vida que llevo observando a las personas, me doy cuenta de que todas las criaturas reaccionan al amor. Pero hay algunas tan lastimadas, que su reacción es invariablemente beligerante, y cada vez son más las que reaccionan así. Estamos tan desacostumbrados a que nos traten bien, que desconfiamos de la gente amable. Voy a tener que empezar a creer en milagros, pero de verdad, yo no sé qué es lo que tiene que suceder para que entendamos por fin -y de preferencia, por las buenas- que sólo el amor -darlo y recibirlo, hacia todo lo que se mueva o esté vivo o haya quedado bajo nuestro cuidado- nos va a llevar a un lugar seguro.

4 comentarios:

  1. Sólo te faltó decir "y ya no digo más porque ya me encabroné".

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  2. Pensando en "...yo no sé qué es lo que tiene que suceder para que entendamos por fin..." , no creo que tengas que esperar a que algo suceda. Somos bastantes los que ya lo creemos y además lo vivimos en todos los ámbitos en los que nos desarrollamos. Más bien creo que lo difícil es ser pacientes, para que aquellos que ya lo entendimos y lo incorporamos a nuestros hábitos, encontremos momentos y espacios coincidentes en nuestros caminos y entonces sumemos esfuerzos para un bien común, sin desatender lo que cada uno como individuo debe hacer por su bien.
    En fin, sólo hay que ser pacientes y seguir bregando.

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  3. Definitoriamente es cierto, yo estoy convencida de que al final de este camino el examen que nos van a hacer es cuanto amaste, empezando por uno mismo y a todos los que te rodean, una manera de empezar (y lo he comprobado) es sonreir a todo el que se cruce por tu camino, suena tonto pero la gente responde, solo hay que hacer un pequeño esfuerzo y se lleva uno grandes sorpresas. Intentenlo. No pierden mas que una sonrisa y tenemos muchas en nuestro corazón. Tita

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  4. Coincido con Omar Monteagudo en que habemos muchos que ya trabajamos en ello. Confío en que todo el proceso de cambio que vivimos haga que otros se convenzan, y si no, pues ni modo. Todo esto es un proceso individual, que también puede verse reflejado en la película; no se puede "convencer", sino que tú lo haces y actúas en consecuencias. Felicidades por el análisis.

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