junio 28, 2016

Lucífero



                                                                                     
Dibujas con luz el contorno de un rostro
la oscuridad de un árbol,
el cielo a través de unas cortinas.

Tus pinceles son tus ojos,
vitrales veteados de tigre en asedio;
separas con tus manos la luz en haces
y nos muestras
                el mundo
a través de las lentes con que enfocas
la luz que te es propia     bajo el sol de tu memoria.

Nadie antes de ti supo ver
esa tristeza niña riendo entre las ramas,
esa libertad de abismo con la falda entre las piernas,
ni el claro silencio de las cosas       que duermen
cuando nadie las está mirando.

Entonces llegas tú con tus pinceles
    -espadas luminosas engastadas en jade-
y un solo instante de contemplación te basta 
para que venga el resto      como detrás de una enramada
y aparezcan los rostros en la cara de la gente,
esos que son tu propio rostro    triangulado en su crudeza
autorretrato sin montaje.

Y es que tú, que eres pura carne,
te has dibujado sin color, enmascarado;
justo tú, que eres pura luz,
has grabado en tu piel trazas de oscuridad
                como una rúbrica
y nos miras     desde la sombra      acechante.




                                                                                      Foto: Carlos R Salcedo
                                                                                      https://cardosani.wordpress.com/

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