agosto 26, 2011

Paraíso perdido


Hasta cuándo estaremos esperando lo que
no se nos debe...
El clamor del poeta afila el aire que respiro;
su reclamo
me atraviesa las vísceras.
Fui el toro indultado
que ya veía sus cuernos enmarcando su querencia,
cada paso más lejos y cada uno más cerca,
y ya la puerta se abría, tras la madera batiente latía ya,
ya en sus oídos, ya en el lomo ensangrentado,
el refugio del camino a casa,
la promesa del retorno,
la vuelta al Paraíso.
Y ya sentía la piedra bajo las pezuñas,
el dolor y el terror de la corrida aún surcando
sobre la piel mutilada,
pero ya detrás del umbral, ya antes, ya no aquí,
cuando los goznes de una nueva sentencia
rechinaron y
la querencia se quitó la máscara y se tornó Sima,
nadie me
explica nada, ¿por qué habrían de hacerlo?, soy sólo
un toro que soñó con tanto anhelo el Retorno
que se ve de vuelta en el ruedo,
mi querencia se cierra con un golpe traidor, seco,
definitivo...
Uno, otro, el mismo, en traje de luces me
reta con una espada en la mano.
Soy el toro indultado que va de regreso a casa
por un camino de sangre y acero.
¡Qué despacito me está matando esta vida!

1 comentario:

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