agosto 03, 2011

Un paseo por Jalalpa


Se necesitan entre 1 hora y cuarto y 2 horas, según el tráfico y la hora, para ir desde mi casa hasta Jalalpa, y otro tanto de regreso. Así que, en promedio, paso 3 horas diarias viajando en camiones y microbuses, más lo que se acumule si se me ocurre ir a algún otro lado después del trabajo. Es mucho tiempo.

Consideren además que mi mente en las mañanas tiende a estar más dormida que despierta; verán ustedes: tengo siempre de guardia una neurona bien despierta (deberían ser dos, pero la otra siempre va en la pendeja, o sea que no cuenta); gracias a ella logro llegar a mi destino cada mañana sin que me asalten, me atropellen ni acabe en Puebla sin saber cómo llegué; las demás neuronas habitualmente están jetonas y sueñan, pero sus sueños como que se filtran hasta la neurona despierta que, como está solita, se vuelve loca entre lo que ve y lo que las demás sueñan. De modo que lo que habitualmente me sucede es que me paso la hora y media babeando por el camino, todo me impresiona y me distraigo con suma facilidad, porque mientras observo el mundo, mi mente va saltando, como trapecista, de una idea a otra; las ideas se forman en mi mente y se completan mucho antes de lograr ponerlas en palabras; para cuando logro formar una frase, otra idea ya está en plena evolución. Y para cuando llego a la presa (ahorita les platico de la presa, van a ver qué cosa tan bonita), tengo la cabeza tan retacada de imágenes sin procesar que se me figura que mi pobre neurona centinela a esas alturas ya está agarrando a patadas a la que tiene más cerca y le grita desesperada: “¡¡Man'ta, despierta, nos están hablando, Man'ta!!”

Y es que el viajecito es una locura de imágenes cambiantes; imagínense salir cada mañana de una colonia añeja y retradicional como la mía, pasar por la San Miguel Chapultepec, muy nice pero en franca decadencia, y de pronto salir de la civilización y entrar a un lugar tan, tan, pero tan bizarro, que Jodorowsky lo usó para su película Santa Sangre: Jalalpa.

En la Literatura Fantástica hay un montón de posibilidades para representar los umbrales que llevan a los personajes de su mundo a otro lleno de seres maravillosos y, con frecuencia, aterradores (creo que viene muy al caso mencionar aquí que el género de Terror está considerado un subgénero de la Literatura Fantástica; en Jalalpa este concepto queda muy claro y no requiere demasiada explicación). En la cultura occidental, esos umbrales suelen ser puertas o ventanas (bien obvio), sueños, aviones o barcos, y de vez en cuando, un ropero; los japoneses gustan más de los túneles y los puentes (incluidos los pasos medio sórdidos que hay debajo de los puentes). Pues bien, para cruzar de San Antonio -último reducto de lo que quienes trabajamos en tierras jalalpenses llamamos “la civilización”- a los terrenos que bordean a Jalalpa, el umbral es una avenidota caótica y espantosa que se llama Alta Tensión; para describir lo que se ve desde ahí y hasta arriba, voy a necesitar que se imaginen que sus ojos son una cámara y enfoquen las siguientes escenas, todo visto desde un camión traqueteante que sube a paso de tortuga con reumas y que trae como “música” (nótense las comillas) de fondo reggetón o pasito duranguense (¡asco, asco, asco!), a tal volumen que ponerse audífonos sólo empeora las cosas, así que hay que echársela así, derecho y sin arrugarse.

Has cruzado el umbral, Alta Tensión, y tus ojos ven...

...Una barda que el jefe delegacional ha mandado pintar para apoyar su campaña de “cero drogas” con una alegoría-admonición bastante terrorífica; se trata de un chimpancé con los ojos inyectados, una sonrisa harto macabra, una hoz en una mano y un frasco de “activo” (thíner o PVC o algo por el estilo) en la otra, y al lado una leyenda: “La mona mata”, haciendo alusión al término con que se  refieren a la estopa empapada con inhalantes los usuarios de esta madre.

...Unos trabajadores de limpia cargan a paletadas una troca adaptada a camión de basura, de un montón de desechos apilados en la calle, como un barquillo gigante y a medio podrir, junto a la puerta de una fábrica anónima.

...La barda de la cementera y al otro lado (ésta será la última calle ancha que atravesaremos), los letreros de quienes habitan enfrente: “CEMEX nos está matando con su contaminación”. Empiezas a estornudar y a sentir cómo se te va cerrando la entrada de aire por la nariz, pero te resistes a respirar por la boca, quién sabe qué porquerías se te vayan a meter (y luego preguntamos por qué casi todos los que trabajamos allá arriba tenemos rinitis o sinusitis o asma). Primera bifurcación; ¿a Capula o a la presa?, tu camión gira a la derecha, el terreno se inclina; empiezas a subir, pero muy suavemente.

...La presa. Antes de verla, la hueles. En una bardototota cercana, la Delegación pinta cada año, con letras rojas gigantescas, enormes advertencias, “En esta temporada de lluvias, cuida a tus niños”; y es que aquí el agua ha llegado a levantar la carpeta del asfalto y la desplaza 5, 10, 20 metros, como si nada; quienes viven por estos lares tienen que salir de su casas antes de que empiece a llover o esperar a que pase; nadie en su sano juicio se aventura a la calle mientras llueve, hasta los idiotas de la Delegación lo saben. La presa te fascina tanto como te repele; hay una vaca pastando en una orilla; una vaca, pastando ESO; ¡pero... quién tiene una VACA aquí!, y quién se atrevería a tomar su leche o a comérsela; es más, no estoy segura de que te atreverías ni siquiera a acercártele -con sus patitas llenas de algo que parece lodo pero que definitivamente NO es lodo; el lodo es tierrita con agua; ESO quién sabe qué carajos sea-. Tu camión rodea la presa y toma la primera vuelta; ahí se bifurca de nuevo el camino: a Jalalpa o a Cañada, a qué altura quieres tu pesadilla, arriba, arriba y más arriba, en la punta del último cerro, o prefieres abajo, abajo, bordeando el antiguo río, ahora desecho al aire libre de basura y aguas negras, jirones de bolsas, toda clase de porquerías navegando por el río hacia la presa, todo abierto, nada está entubado, ahí arrojas todo lo que no quieras: cascajo, llantas, zapatos, basura, animales, de vez en cuando un cuerpo. En la entrada del camino a Cañada está la Lechería; a esa hora temprana, una fila larga de gente espera con tranquila paciencia a que le den su leche; nadie nota el hedor, ni siquiera tú, hecho ya a los olores de la presa.

...Desaparecen las cuadras y toman su lugar, cada 200 ó 300 metros, los andadores: estrechísimas callejuelas con escalones que se antojan infinitos y trazan surcos, como las líneas de la mano, pero sobre el cerro completamente encementado. En algunos trechos hay una banqueta chiquitica que más bien parece una burla, así que da igual si hay banqueta o no, la gente camina por la calle, una calle por la que podrían pasar, estrechamente pero con mediana comodidad, dos carros ida y vuelta, pero aquí los vecinos estacionan sus autos en alguno de los dos lados del arroyo, que ya pa' tanto no da, y por si fuera poco, el camión de la basura (no la troca de redilas sino otro que se ve más oficial y que es enorme) se estaciona en doble fila, lo cual deja espacio apenas suficiente para que pase un carro si dobla sus espejos hacia adentro. Pero tú vas en camión y ése sí que ya no cabe, así que esperas. Esperas mucho tiempo, 10, 20, 30 minutos a que el camión termine de cargar y se mueva.  Vas a llegar tarde.

...Más andadores, ahora mucho más alejados unos de otros, cada 500 metros o así, y comienza la ascensión en serio; la caja de velocidades cruje bajo el peso de la primera, segunda velocidad y otra vez la primera, tan despacio que la gente a pie podría seguir el ritmo del camión, pero está empinado; es difícil subir andando por aquí; la gente aguanta a regañadientes el paso de tortuga del vehículo, la música estridente, los apretujones. Tú miras y ves casas, casas, más casas, aquí no hay edificios, sólo casas estrechísimas y altísimas, no hay espacio para construir hacia los lados, así que levantan pisos hacia arriba, uno más por cada integrante nuevo en la familia, las chicas aquí se embarazan antes de los 19, así que hay que dejar los castillos listos, las varillas desnudas en el techo, por si se ofrece otro piso más, todo construido sobre profundas minas gigantescas e invisibles, de modo que las casas parecen sostenidas por palillos, siempre a medio construir, el barrio entero está en obra negra, todo tan apretado que hasta el asfalto parece ocupar demasiado espacio. Levantas la vista y ves los andadores y sus escaleras, y si la levantas más y miras más allá del barranco, ves más cerros, kilómetros y kilómetros de casas y casas y más casas gris cemento en obra negra: estás en Jalalpa, lo encimado encima del encimamiento.

...La Curva, donde en las noches los camioneros quitan por fin el pie del freno y lo hunden en el acelerador; pareciera que no pueden usarlos alternados, siempre es o uno u otro. Para bajar por La Curva de noche vas a sentir la necesidad imperiosa de hacerte (¡pero en chinga!) devoto de un Santo Patrono, pero no un santo cualquiera: necesitas uno Chido, Poderoso, Cabrón, uno que de veras se enfrente con las huestes jalalpeñas y le pelen los dientes, nomás para que llegues vivo siquiera hasta la presa. Si un día bajas de noche, persígnate aunque seas ateo antes de entrar en La Curva, toma aire, agárrate con las dos manos del asiento de adelante (por supuesto, irás siempre y a cualquier hora sentado en un asiento de los de en medio, por si el camionero acelera o por si asaltan) y no te espantes si sientes que las ruedas de la derecha no tocan el piso: estás en las Tierras Peligrosas -como llamaba Tolkien a los mundos de la Fantasía- y aquí, los camiones levitan. Bueno... sí; casi siempre. A veces no. Hay algunos camiones al fondo de esa barranca; parece que es difícil sacarlos. Por eso te digo, mejor consíguete un santo o no bajes de noche en camión. Por el contrario, cuando vas de subida y alcanzas esa cima, te encuentras en la pared de la casa de empeño con un letrero que dice: “Territorio priísta”.

...La subida se hace menos pronunciada. Aparece la primera escuela -una primaria-, el mercado, otra lechería con una fila igualita pero más larga y un letrerote que indica que ahí está la Iglesia de “Los Misioneros Siervos de los Pobres”, monjas y sacerdotes que aquí viven y aquí se la juegan; misioneros en su propia tierra, hasta la Madre Teresa se sentiría ligeramente apabullada en su presencia. Y piensas, siempre, todos los días desde hace 9 años: mis respetos. Comparado con ellos, tú estás jugando a las muñecas: tú vienes diario, ellos viven aquí.

...Los carriles se ensanchan ligeramente y reaparecen las cuadras, los patios y el cielo; tiene un nombre ominoso la calle en cuestión: “Gustavo Díaz Ordaz”; las demás escuelas se van alineando a su vera, desde un CENDIS hasta una secu.

Enfoca. Cambia la lente si es necesario. Límpiala. Aléjate. Enfoca: la calle se ensancha de golpe, dos carriles de cada lado, el gris y el cemento se esfuman y en su lugar aparece ante tus ojos, así, de golpe y sin avisar,  un parque de varias hectáreas cuajado de altos árboles llenos de hojas, bellísimos (¡magia pura!), y a la izquierda, dos construcciones gemelas, ligeras y espaciosas, hierro y vidrio rodeado de adoquín rosa, patios y jardineras... Ya llegaste, ¡lo lograste!, estás en tu otra casa: la (peje)prepa del IEMS de Álvaro Obregón; o, más corto y así como pa' los cuates: “el plantel de Jalalpa”.

Bienvenido.

7 comentarios:

  1. Genial, hasta lo puedo oler o... ¿serán los gatos de mi vecina?.

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  2. hola hermosa...
    fijate que grosera, no se me habia ocurrido entrar a ver tu blogg, que padre escribes, me transportas, y haces que mi imaginación vuele, sobre todo cuando hablaste del mar....
    prometo visitarte mas seguido
    cuidate :p
    con cariño laura z...

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  3. Que barbara, de erpente dije: NO perdón, me equivoque, mejor no voy¡¡¡¡¡, Casi estaba yo re cordando un cuento de ciencia ficcion, donde el papa lleva al hijo a un lugar bajo, bajo, bajo, al entro de una ciudad, en donde habitaban seres casi humanos; perdon por el casi, a donde solo se atrevian a llegar los mas valientes y era una pruba terorifica para lograr la mayoria. asi que a partir de hoy, te declaro oficialmente "LA MAS VALIENTE DE LA TRIBU" Hurra¡¡¡¡¡.

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  4. Sensacional, nos hiciste vivir tu recorrido como si hubiéramos ido a tu lado y estuviéramos conversando al respecto.
    Como pude constatar, tienes tus dos neuronas bien despiertas en la mañana y tu proceso de percepciòn al 100.
    Esta "gran" ciudad no es más que una serie de pequeñas poblaciones donde en cada una encuentras sus particularidades.
    Gracias por compartir.

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  5. Esto esta pero si regenial, jajajaja!!! nadie había hecho uan descripción tan mas minusiosa de lo que era mi colonia Jalalpa tepito, Jalalpa el grande y para terminar Jalalpa las torres en donde me hubico yo, tengo 21 añitos viviendo aqui y si es preciso mensionar no faltan los autentico galanes de la ruta rodeados de como 10 chamacas diciendo a grito abierto, !" no chingues wey todavia eres VIRGEN" jajajaja. Los grandes camiones de coca, corona y pepsi que estorban por las mañanas cuando pretendes ir a la univerisdad tan impaciente y mordiendote las uñas por que crees que no llegas, jajaja, mil cosas pasan por aquí, ésto es jalalpa, mil gracias por esta nota, genial espacio. Saludos Vianca ex estudiante del plantel jalalpa...

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  6. Insisto,que buena es para esto de la escritura,siempre tan cercana a la realidad,pero con ese toque de fantasia pura,como si todo fuese cosa de juego o mera imaginacion,jjjaa,pero nooo,todo es verdad,vista desde unos grandiosos ojos.Gracias por ser tan sincera,audaz y a su vez cruel(tengo que confesar que eso es fascinante)para describir las cosas.Atte.Karla ex la peje...prepa

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  7. yo vivia en iztapasalsa y por trabajo hoy vivo en la "Bella Jalalpa" la neta da miedo pero ya llevo siete meses y siento que la amo los vecinos cada quien en su onda bien tranquila la zona aunque por todas partes huele a mota por el momento no he leido tu articulo pero posterior lo leo y sin duda dare otros comentarios

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