octubre 09, 2015

Caminos






La diferencia es que yo elegí, deliberadamente, todos y cada uno de los caminos que me trajeron aquí.
        Yo... yo tengo mi casa, quizá pequeña para ojos acostumbrados a la riqueza, pero mía; mi jardín selvático; mis muebles viejos o heredados; mi piso desnudo, rayadito y bastante maltratado. Mis muchos papeles y libros, películas y discos, y mi falta de interés por cualesquiera otras posesiones. Mi nombre, completo, entero, sin adendos ni faltantes, bien pesadito como una bolsita de cuero bien llena de monedas de oro: mi nombre y mi prestigio. Mi salud, siempre frágil pero salud al fin y al cabo; mi cuerpo y la devoción con que se postra cada mañana. Mis pocas bellezas: mis manos; mis senos; mi cabello; mi escucha atenta. Tengo mi voz y mis ojos. Mis piernas, mis pies incansables y mis muchas cicatrices. Mi poesía, mi escritura y la enseñanza. Y la risa. Y el asombro. Y mi vida, tejida de tantas historias, de tantas esperanzas. Y en el Centro, mi mente y mi corazón, más caros y más valiosos para mí que todo lo demás junto.
        Ésta es mi riqueza y por ella doy gracias todos los días.
        Si tuviera que volverlo a hacer todo de nuevo, lo haría sin más. Sin más.

[La foto, preciosa, es cortesía involuntaria de Víctor Hugo Castañeda Salazar; muestra uno de los muchos caminos de la tierra de mi padre, que es mi propia tierra]

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