octubre 06, 2015

6 de octubre de 2015- laundry

#5 Carta a Lobacio, mi amigo imaginario

Mi corazón:
Hoy tocó lavandería, que es una actividad que me gusta harto, a pesar de que (o quizá precisamente, porque) hay que "ayudarle a la lavadora" echándole agua, porque no la jala bien. Me gusta sentir el peso de las cubetas llenas de agua en los brazos y ver cómo cae el agua; es como una masa sólida y vibrante.
       Tender la ropa no me agrada tanto, pero bajarla sí; generalmente la dejo todo el día tendida, así que cuando voy a destenderla, huele a sol y veo en el atardecer cómo los colores del cielo van cambiando.
       Hoy me tardé veinte horas bajando la ropa (era mucha) y se me hizo casi de noche; me tocó ver cómo las sombras se tendían, cada vez más largas, y cómo avanzaban perezosas por el piso de la tarde. Por supuesto, me acordé de ti; y me volvió a impresionar que el cielo y la naturaleza te den igual hasta el punto de no enterarte de que el cielo siempre está cambiando, ¡cómo puedes vivir sin mirarlo!; si no fuera por mí, jamás levantarías la mirada de tus relojes. La cosa es que ya sólo se veía una línea de un blanco puro y perfecto en el horizonte, mientras que sobre mi frente, la noche ya era oscura.
       Entonces me di cuenta de que se había acabado el día.
       No sé por qué me sorprendió tanto; pero de pronto entendí que este día ya fue, que acaba de entrar en el rubro de las cosas irrepetibles. Lo disfruté mucho, no lo malgasté, pero ése no es el punto; el punto es que de pronto me pregunté cómo será hacer estas mismas cosas cuando esté ya grande; ¿podré cargar las cubetas de agua?... y me pregunté si seguiré viviendo aquí, en esta misma ciudad y en este edificio; si lavaré la ropa de alguien más o sólo la mía, o ya ni la mía; me pregunté si tendré animales, si habrá niños en mi casa y si seguiré hablando contigo. O si viviré sola, sin nadie alrededor porque para entonces todos se habrán muerto y tú, Vida, estarás ya esperándome, impaciente, del Otro Lado.
       Y entonces pensé que lo más probable es que no, que nada será como fue hoy, como son estos días. Lo sé porque mi vida ahora no se parece en nada a la que fue hace 20 años; hace 12, cuando me casé, otra muy distinta; e incluso hace 6, aun cuando ya vivía aquí.
       Así que no, no tengo ni idea de cómo será mi vida cuando tenga tu edad, Corazón; pero sí espero seguir hablando contigo y seguir amándote, como te prometí que lo haría.
E&A:
M.

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